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EDUCAR LAS EMOCIONES

          En un mundo en el que la violencia, la agresividad, las protestas por todo, van ganando terreno al respeto y la sensatez. En un mundo en el que todo vale y lo único que queremos es competir para lograr el puesto más alto a costa de lo que sea, se hace cada vez más necesario dar a nuestros niños una adecuada educación en valores que les ayuden a  afrontar su día a día de adultos. Nosotros, padres y profesores, tenemos la gran tarea de conducirles por los caminos más adecuados, porque sólo de su mano dependerá que el mundo cambie.Pero es imprescindible empezar a hacerlo ya.
          En este rinconcito encontraréis muchas ideas para ponerlo en práctica, tanto en casa como en el cole. He sido coordinadora de varios proyectos de innovación dedicados a este tema y hoy quiero compartir con todos vosotros lo que aprendí con ellos.

EL ORDEN
          Ahora que estamos en vacaciones y que hay tanto tiempo libre, no sería mala idea que acostumbráramos a los niños a organizarse un poco.
          Desde muy jovencitos deben saber que hay un tiempo y un espacio para cada cosa. El valor del orden se puede aprender y desarrollar como cualquier otro, pero hay que ser constantes en ello, no abandonar por muy pesado que nos resulte y pensar que los resultados, muy probablemente, se notarán a largo plazo.
El orden lo podemos enfocar en cuanto al tiempo o en cuanto al espacio.

EL ORDEN EN EL TIEMPO
           Si el niño no dispone de un horario para saber qué es lo que toca hacer en cada momento se sentirá perdido. En el colegio es una de las primeras cosas que les damos, pero en casa también deben llevar uno, y sobre todo en este periodo vacacional cuando hay tantos horas que llenar. Es una excelente manera de aprender a organizarse y ser autónomos.
          A partir de los seis o siete años ya podemos empezar a hacerlo y pactar con él, un tiempo para jugar, para leer, para hacer la tarea, para ver la TV o  manejar el ordenador. Si lo hacemos así le costará menos trabajo seguirlo, porque lo verá como algo suyo y no como una imposición. En cualquier caso tampoco tiene que ser una cosa rígida, que no se pueda saltar o hacer alguna excepción, ni tampoco llevar a rajatabla el tema de las horas. 
          Hay que ser flexible y no hacer de él algo que nos abrume en lugar de darnos y darles seguridad.

EL ORDEN EN EL ESPACIO  
          Este es otro campo de batalla abierto, no solo para los padres, también para nosotros en la escuela, con algunos alumnos. Si queremos que ellos sean ordenados, tenemos que empezar por nosostros mismos. Si ven que en casa o en la escuela cada cosa está en su sitio y no anda por ahí tirado les animará a recoger sus cosas, pero lo mismo que con el horario, tampoco tenemos que ser esclavos del orden , ni recogerles todo lo que van dejando.
          ¿Y qué podemos hacer?
          Aquí tenéis algunas ideas que a mí me han resultado
  • Un sitio para cada cosa. Que sepan el lugar en el que tienen que dejar los libros, los juguetes,la ropa. Sería atractivo decorar su habitación con rótulos o dibujos
  • Cajas, cestos, baulitos,en los que puedan meter sus juguetes, sus libros favoritos...
  • Rincón de estudio, a ser posible en su cuarto habilitaremos una  zona donde pueda tener organizado todo el material de clase y que invite a la concentración.
          Sin obsesionarnos, cada cierto tiempo, por ejemplo una vez en semana, revisar su habitación ,su material, su ropa...y felicitarle cuando todo lo tenga en buenas condiciones, de  lo contrario le ayudaremos a mejorar, pero sin recogerlo todo nosotros. Como dice el refrán "Hay un sitio para cada cosa y cada cosa en su sitio"

A continuación os dejo esta simpática historia para que se la conteís a vuestros niños:

Érase un niño tan desordenado,
que todo lo dejaba por cualquier lado.
Sus juguetes nunca recogía
y en la escuela todo lo perdía.
 
Un día recibió una invitación
para una fiesta que le gustó mogollón,
pero al no saber donde la puso,
el lugar, el día y la hora, no supo.

¡Qué indignación! ¡La fiesta se perdería!

Pero mamá, que todo lo ordenaba
encontró la invitación que buscaba.
En el cajón de los calcetines la tenía
¡Por los pelos fue a la fiesta que quería!

Y el niño desordenado aprendió,
que con un poco de orden, se vive mejor.


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