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domingo, 21 de julio de 2013

TIEMPOS DE CAMBIO. CAPÍTULO 3


















Y llegó mayo con sus campos floridos, más la esperada revocación del Decreto no llegó. Isaac ya había visto mucha gente que se había marchado. Al principio eran pocos los viajeros que se veían por los caminos de  salían de Toledo, pero después paulatinamente, se fueron llenando de más y más gente. Gente que él conocía muy bien porque se trataba de vecinos, amigos, e incluso parientes. Tuvieron que vender sus hogares y todas sus propiedades. Salieron con lo puesto. La mayoría viajaban a pie o a lomos de asnos hacia tierras de Portugal o de Valencia, llevando atada al cuello la llave de las casas que nunca más volverían a habitar.
Sin remedio la Judería, antes rica y ostentosa, iba quedándose callada y triste. La comunidad judía había quedado muy reducida y la mitad de las casas estaban desiertas. A aquellas alturas era fácil saber quien se había convertido al cristianismo para salvar su vida y sus posesiones y quien seguía practicando la doctrina de Yavé y evitaba el trato con cristianos.
Isaac Leví de Toledo se estaba quedando solo en su barrio. El plazo señalado llegaba a su fin y él todavía no había tomado una decisión firme. La gente a su alrededor empezaba a mirarle mal, porque ni se había convertido al cristianismo, ni se le veía con intención de partir, y en cambio, seguía practicando la Ley de Moisés como si nada ocurriera. Y es que, en verdad, la decisión era difícil. Si optaba por la partida, no tenía dónde ir. Aquí, en esta tierra, estaba su casa, su negocio, su vida. Aquí habían nacido sus padres, sus abuelos, sus propios hijos. Se sentía castellano hasta la médula. Castilla era su patria y si le echaban de su patria ¿dónde podría ir? Pero si se quedaba...Tendría que renunciar a sus creencias, a su forma de vida, a su fe y a su propio pueblo ¿qué hacer? ¿qué hacer? ¿qué hacer? Era la pregunta que martilleaba día y noche en su cabeza, sin dejarle ni un minuto de sosiego.
A finales de aquel mes de mayo, la situación se había hecho tan insostenible que un atardecer mandó llamar a Sara, su mujer, y a sus dos hijos mayores, y en el rincón más apartado del sótano, les habló de sus pensamientos y conclusiones:
- Ya conocéis que la desgracia ha caído sobre nuestras cabezas desde el treinta y uno de marzo pasado. Ya veis que nada ha vuelto a ser igual, y que la mayor parte de nuestros hermanos judíos ya han tomado una postura. Nosotros debemos hacerlo cuanto antes porque ya son muchos los que nos miran recelosos.
Dejó de hablar, tragó saliva y después con voz nerviosa y débil, añadió:
-No podemos abandonar esta tierra nuestra en la que echamos raíces hace siglos, por eso nos convertiremos al cristianismo.
Sara palideció y sus dos hijos no pudieron evitar que de sus gargantas se escapara un gemido de asombro. El padre continuó:
-Sólo será exteriormente, en el fondo seguiremos siendo los mismos. Aceptaremos a Cristo por fuera y seguiremos implorando a Yavé y guardando sus leyes. Iremos a misa los domingos y fiestas de guardar, ayunaremos en Cuaresma y cumpliremos todos los preceptos que la Iglesia mande; pero en secreto, guardaremos el Sabbat, y en secreto celebraremos la Pascua y todas las demás fiestas. Sé que es muy difícil lo que os pido, pero es la mejor salida que veo en estos momentos. Otros lo han hecho antes, y lo siguen haciendo para no tener que partir. Nosotros lo haremos igual y nos guardaremos mucho de decirlo a nadie, ni tan siquiera a la pequeña Raquel. Ella no participará en nuestras celebraciones hasta que no tenga edad suficiente, pues podría delatarnos sin intención. Delante de ella y de todo el mundo seremos cristianos. Cristianos siempre pase lo que pase, nos va la vida en ello.
Siguió un silencio profundo. Se necesitaba tiempo para asimilar las palabras del padre y nadie osó contradecirle. Sólo Yosef quiso preguntar lo que no comprendía:
-Pero...¿ por qué, padre? ¿por qué sienten los cristianos este odio hacia nosotros? ¿por qué ha venido esto tan de repente?
-El motivo del odio lo desconozco, hijo. Lo que si sé es que no ha sido algo repentino. Antiguamente, mucho antes de que tú nacieras, la vida y la integridad de los judíos, lo mismo que la de los moros, estaba garantizada por ley, y se condenaba con unas multas muy fuertes a quién osaba darles muerte. Sin embargo, el pueblo no se acostumbraba a vernos tan favorecidos siendo de una religión tan distinta a la cristiana. Sin saber cómo nos ganamos la enemistad popular, y a pesar de que estaba penalizado hacer daño a los hebreos, no faltaron nunca matanzas indiscriminadas que se hacían de forma repentina. La peor de todas fue hace muchos años, un catorce de agosto, víspera de la fiesta cristiana de la Asunción de María. Decían que la Virgen de Toledo estaba dolida porque consideraba un sacrilegio nuestra fe, y nos culpaban de la muerte del rey Alfonso y de su hijo Sancho. En realidad nos hacían culpables de cualquier desgracia que viniera. Pero como digo, aquel catorce de agosto, la multitud enfurecida entró en nuestras casas y haciendas dando muerte a gran número de inocentes, entre los que se contaban personas notables de nuestra religión. Las calles se llenaron de sangre y de cadáveres y no se conoció familia que no tuviera algún luto que guardar. Muchos de los judíos supervivientes, aterrados por la matanza de la que habían sido testigos, corrieron a recibir el bautismo como único medio de salvarse. También los hubo que prefirieron morir orgullosos de confesarse judíos.Y también, todo hay que decirlo, hubo cristianos compasivos que trataron de detener aquella locura, aún poniendo en peligro sus vidas.
Yosef ya no quiso escuchar más. No quiso ahondar en lo que resultaba tan desagradable. Seguía sin saber el porqué de tanto odio pero estaba empezando a comprender que muchas preguntas se iban a quedar sin respuesta, porque no obedecían a ninguna lógica sino más bien a la sinrazón de un pueblo que les había jurado odio eterno.
- Mañana mismo recibiremos el bautismo y nos confesaremos cristianos ante todo el mundo- concluyó el padre dando por terminada la reunión.

19 comentarios:

  1. ¡Hola!

    Tienes un premio esperándote en mi blog. Espero que te guste;)

    http://cuentos-para-peques.blogspot.com.es/p/premios.html

    Un besito.

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    1. Muchísimas gracias. Lo recojo con mucha ilusión. Un abrazo

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  2. Me gusta Pilar como avanza la historia y hago una reflexión al hilo de la misma: ¿Cuántas veces nos vemos obligados a hacer cosas en contra de nuestra voluntad? La vida está llena de pequeñas decepciones o tropiezos, lo verdaderamente importante es asimilar esos errores y seguir caminando. La ilustración preciosa, como las anteriores una magnífica postal toledana.
    Cordial abrazo virtual. Julio Jiménez

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    1. Si es cierto que a veces tenemos que hacer cosas que no queremos ¿ y cuántas veces nos vemos obligados a renunciar a unas para poder salvar otras?Pero también es verdad que cuando una puerta se cierra siempre hay otra que se abre.Esta es la vida, pura y dura. Me alegro que te guste la historia y la ilustración. Es una vista " a mi manera" del Puente de Alcántara toledano. Un abrazo refrescante

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  3. Muy interesante este capítulo con la decisión del patriarca de los Levi, sus reflexiones son profundas y deja huella....haces que los dias de bochorno de espera cuando cuelgas otro capítulo es como agua fresca en el insopotable calor... asi que a esperar. Un abrazo amiga.
    Begoña

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    1. Gracias , Begoña, por tu comentario. Sé que eres una de mis más fervientes seguidoras, que la historia te está enganchando y me alegra mucho. ¡No sabes cómo me anima a seguir! Un besazo

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  4. Completamente enganchada a tus relatos, son de los que más me gustan: hacen reflexionar...

    Enhorabuensa, querida Pilar.

    Un besote.

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  5. Gracias, Mª Carmen. Todo lo que se escribe nos hace reflexionar de una manera o de otra. Un besazo

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  6. Cada semana espero con más ilusión la historia de la familia Leví, victimas de la intransigencia de las leyes injustas, y la hipocresía, espero que esta familia consiga vivir en paz en la tierra que los vio nacer un eso

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    1. Gracias, Antonia, es un placer tenerte aquí cada semana. Un abrazo

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  7. me quedo de seguidor xq me parece muy interesante tu blog.
    te invito a q te des una vuelta por el mio.
    http://lacocinademou.blogspot.com

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  8. Creo que fueron demasiado intolerantes.
    Hace algunos años, una profesora de mi hijo les dijo que tenían que leerse y hacer un resumen del libro: "El tiempo y la Promesa" de Concha López Narváez. (Lo recomiendo)
    Como profesora y madre que eres sabes que hay que casi obligarlos a que lean, yo lo leía primero y se lo explicaba. Así tomaban más interés. Este libro, lo leí tres veces. Lloré por lo que sufrieron esas buenas gentes. Desde ese momento, amé mucho más a todos lo judíos y prometí amar a todos los demás hermanos, ya fuesen ortodoxos, musulmanes o evangélicos. ¡Qué las religiones no nos separen!
    ¡Ah, voy a leerlo otra vez!
    Un beso

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    1. Gracias Mª Ángeles, conozco el libro y también a su autora. Es una escritora fabulosa.Lo tomé como modelo para escribir esta nueva historia ambientada en Toledo. ¡Se han cometido tantas crueldades a lo largo de la historia con motivo de la religión!Y lo peor de todo es que esto se sigue cometiendo, de una manera u otra se sigue discriminado por razones de creencias, de sexo...¡Parece mentira que estemos en el siglo que estamos! Un abrazo

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  9. Estoy totalmente enganchada en esta historia Pilar.Cualquier desición en esta situación es difícil de tomar.Cuánta injusticia hay y hubo en cada rincón de nuestro mundo.
    Hata la próxima!Besitos.

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    1. Las injusticias, por desgracia, no nos han abandonado. Esas todavía no han pasado a la historia. Me alegro de tu " enganche". Besitos

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  10. Gracias querida amiga por esperarme y por venir al té de los martes y por estar... suelo tomarme vacaciones seguido porque me canso demasiado con todos los blogs que tengo, pero nunca me voy del todo porque los quiero mucho.
    Te dejo un beso grande y un abrazo.
    Con todo mi cariño comenzaré mi rutina nuevamente.

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  11. Madre mía, nos vuelves a meter en la historia inevitablemente. Gracias. Un besazo

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