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domingo, 5 de agosto de 2012

LOS RENGLONES DE LA MEMORIA 7ª PARTE

21 de agosto
Al final de las fiestas hubo jaleo. Se pelearon los mozos de aquí con los forasteros que pretendían a las mozas del pueblo. Los del pueblo querían que los otros les invitaran y como ellos se negaron, los de aquí les tiraron al pilón donde beben los animales de labranza y se lió una tan grande que tuvo que venir la Guardia Civil y llevarse a unos cuantos arrestados.

Pero de eso ya han pasado unos días, y ahora todo ha vuelto a la normalidad. Los hombres al campo, y las mujeres a fregar, a barrer, a atender a los niños pequeños y a los animales.

Mi padre trabaja en la finca de don Venencio. Se marcha de casa antes de que salga el sol y vuelve cuando ya está bien entrada la noche. Siempre llega muy cansado. Se siente en la mesa de la cocina a cenar unas sopas de ajo y en seguida se va a la cama.

Mi hermano Francisco sale muchas veces a ayudarle, cuando hay que segar o trillar, y otras veces va a ocuparse de la huerta que tenemos cerca del río y de vender lo que se saca. Tiene más suerte que yo, porque a él le han dejado más tiempo en la escuela.



30 de agosto
Aunque hace mucho tiempo que no hablo de ello, sigo yendo a casa del carpintero. Ya he aprendido a leer de corrido y a hacer divisiones con números.

Por las tardes mi abuela me está enseñando a hacer calcetines con lana y agujas,mientras tanto mi madre, en un rincón de la cocina, pone pecheros a las camisas y codos a las mangas.

6 de septiembre
Mi amiga Mercedes está triste. Una de sus gemelitas se ha puesto enferma y no saben de qué. Está sin ganas de jugar, con muchas ojeras, sin querer comer y con diarrea.

En el pueblo tenemos un médico, pero casi todo el mundo prefiere ir a casa de Jacinta, que tiene gracia para curar y quitar el mal de ojo.

Mi madre unta a mis hermanos con aceite cuando llevan varios días sin hacer de vientre. Los echa el aceite en la barriga y los da masajes para que se muevan las durezas. Otras veces prepara caldos de higos secos y se los hace tomar en ayunas.



13 de septiembre
Hoy han empezado las clases en la escuela. Mi hermano Julián tiene suerte de seguir en ella. He ido a acompañarle hasta la puerta por ser el primer día. El maestro se llama don Justo, y le he llevado un cesto de patatas y un poco de aceite. Se ha puesto muy contento y me lo ha agradecido mucho. Es poco lo que ganan y si no fuera por lo que la gente del pueblo les da de vez en cuando...creo que hasta pasarían hambre.

Después me he acercado a la escuela de las muchachas, que también empezaban hoy. He mirado a través de la ventana y había pocas niñas. La maestra las colocaba en los bancos según la edad. De repente se ha dado cuenta de que la observaba y me ha invitado a pasar. Sin embargo a mí me ha dado tanta pena el no poderme quedar, que he salido corriendo por el camino abajo, y no he parado de correr hasta que no he estado cerca del río.

24 de septiembre
Hemos hecho arrope en el patio de casa, con mosto y frutos secos. Estaba rico.



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15 comentarios:

  1. ....es un testimonio tan real , como cercano y lejano...los pueblos solo los he vivido en vacaciones, de veraneo y me parecia que su ritmo era diferente al nuestro, pero me dejaban con la boca abierta...recuerdo en un pueblecito de La rioja, que comentaban con alegria el domingo a las 12 vas a venir al concierto??? a mi la música clásica meha gustado dese muy pequeña, en aquuel entonces tendria 14 años y
    dije emocionada: si si no me lo pierdo!!!! y me qued´´e sorprendida, cuando empezaron a tocar pasodobles y la gente bailaba... quedé un instante paralizada..pero al momento
    entre en el hambiente festivo y me adapaté al concepeto de concierto en aquel pueblecito encantador.... Me gusta como va narrando sus experiencias , la protagonista irradia mucha espontaneidad. Un abrazo Pilar hasta pronto

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  2. ¡Qué diferente era la vida en el medio rural y en las ciudades, Begoña!Parecían dos mundos distintos en algunos aspectos. Recuerdo que cuando tuve mi primer destino como maestra en un pueblecito perdido de la Mancha ni siquiera entendía su manera de hablar, sus vocablos...¡Cuánto ha cambiado todo!
    Ya he vuelto de las vacaciones. Mañana retomo la marcha. Ya te llamaré.

    Un abrazo muy grande

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  3. Cómo ha cambiado todo. Hace unos años estaba en un pueblecito de Jaén y un par de niños, domingo por la tarde, le pedía a su papá que los llevara a un McDonal de su ciudad.
    Besosss

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  4. Es cierto, Norma, todo esto parece que son cosas que han pasado hace siglos, y es algo que nuestros mismos abuelos nos pueden contar.

    Un abrazo muy grande

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  5. Me encanta. Gracias por hacerme disfrutar tanto con esta lectura que tantos recuerdos me traen. Y aunque no lo he vivido, me encantaba que mis abuelos o mi madre me contasen cosas de aquellos tiempos. Un besote enorme.

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  6. Muchas gracias a tí, Arancha, por tu visita y comentario

    Un abrazo muy grande

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  7. Que ganicas dan de darle la mano y acompañarla a su pupitre de nuevo. UN saludo

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  8. Uf, acabo de llegar de las vacaciones y me me encuentro con que ...¡ya vas por la septima parte! ¡Cuánto me he perdido! Voy a ponerme al día inmediatamente. Te dejo que tengo mucho que leer. Un biquiño.

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  9. Es verdad, Miren. Antes los niños estaban deseando ir a la escuela, valoraban los libros y la cultura...ahora están deseando perderlos de vista, por lo menos los niños mayores. jejejeje
    Me alegro que te esté gustando el relato.

    Un abrazo

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  10. Si, si, ponte al día Anita, que ahora vienen cosas muy interesantes. Jejejeje

    Un abrazo

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  11. Sigo atrapada con tu relato Pilar,no me lo pierdo por nada!!

    Besitos

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  12. Noo , me perdí de muchas partes creo. Leí hasta la 4. Tengo que leer las demás :) Escibís tan bien, atrapas al lector Pilar. Vos sí que sabés cómo. Te mando un beso!

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  13. Bueno Berenice, ahora tienes tiempo de ponerte al día. Que disfrutes

    Un abrazo muy fuerte

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  14. Estoy poniendome al día; estoy enganchada!! Es como revivir costumbres del pasado.

    un abraXo!

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